La digestión del cambio


El orden natural de las cosas no se detiene, tampoco en la vida palaciega.
Nuestro monarca ya ha dado una primera vuelta de consultas y el tanteo en busca del valiente que se ponga al frente de un gobierno precario continúa.
Podemos mientras tanto ha aterrizado en el reino de muy muy conocido de sus oponentes. Ha recibido las primeras muestras de lo que supone un juego de tronos real-constituyente y parlamentario. Las redes sociales y sus zascas quedan lejos pero también las gestiones en Pueblo Paleta. Esto es diferente a todo lo que se enfrentaron antes. Nada puede prepararte para ser presidente del gobierno de las españas de hoy en día.
Ni siquiera el haberlo sido antes pues las circunstancias pueden añadir un matiz trágico a algo tan básico como aprobar unos presupuestos por poner un ejemplo. Mucho menos haber sido concejal ni siquiera en el pueblo más grande del mundo en eso discrepo con las tesis marianas respecto a la validez de candidatos.
Todos temen una hipotética repetición de elecciones y hacen bien en temerlas pues sería un fracaso a dos bandas. Los viejos que no pueden ni dejan y los nuevos que pueden no sin la colaboración de los anteriores, eso tampoco es poder, se queda en el querer.
En esta repetición los porcentajes variarían poco. El único ganador que vaticino para ella sería el bloque de la abstención. También discrepo del efecto curativo de la seducción de pueblos. Somos así de crueles e inconstantes. Necesitamos que nos seduzcan sistemáticamente y eso a la vista de las opciones que nos ofrecen y las que se aventuran para un futuro inmediato es a todas luces impensable.
Ni con una izquierda cohesionada hasta las últimas consecuencias, ni con una derecha guerrillera y defensivamente organizada (la unión se le presupone) se puede gobernar tal como se hizo siempre: Decreto, decreto y untada al pequeñin para que apoye la moción.
El cambio ha llegado para quedarse. Siempre estuvo ahí aunque no quisiéramos verlo. Se gestó poco a poco en el interior de cada uno de nosotros hasta eclosionar de golpe y sin anestesia.
Ahora toca gestionarlo pero antes de ello hay que digerirlo, asumirlo e integrarlo en una realidad que ya no tiene por qué venir de corbata y traje.
Puede llevar rastas, el hábito no hace al monje ni mucho menos su peinado.
En este país cainita que vivimos hay mucho talento. Si lo sumamos superando nuestro emblemático cainitarianismo podemos ser potencia. Si seguimos en debates estériles de estabilidad ramplona para hoy seguiremos instalados en una mentira  piadosa mientras vivimos la mitad que nos deje el frente popular de turno. Entre todos Podremos sin abandonar a nadie, ni siquiera al ibex por muy contra antisistema que se declare. Estamos todos en el mismo barco y no permitiremos que se hunda porque los primeros ahogados son los de más abajo. Esos no van a dejar de remar pero hay que darles un poco de aire para ello y no quitarles el remo por supuesto.
Mientras tanto un poquito de laxante ayuda al tránsito que es cambio también al fin y al cabo dentro de las cloacas del sistema. No las olvidemos tampoco. No me las pierdan de vista. Gracias y nos leemos otro día.

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