Si yo fuera catalán


No lo soy. Soy español, de aquí abajo concretamente así que tampoco puedo enarbolar la bandera con ardor patriótico pero oye es lo que pone mi pasaporte y a mí me vale. Que si pusiera Español-Andaluz-PuebloX-Barrio de los Buroflautas-Calle de las Flores-Edificio Crisantemo no sería más feliz de lo que soy ahora. Mucho menos me dedicaría a pedir porque se incluyera la planta pues ahí somos vip y sin ella no se representaría una autentica realidad miniplurinacionaloide. Déjeme respirar un poco antes de continuar, gracias.
Esto no cambiaría ni aún en el caso de que la RAE se negara a aceptar “Quillo” como apelativo familiar.
La lengua la uso para entenderme y la adecuaria al “quillo” que tuviera al lado mire ushted sin acritud y con talante picha, perdón me sale sin querer, tantos años de bipartidismo tiene efectos colaterales ya se sabe.
A ver voy a empezar el artículo que de esto no iba. Si yo fuera catalán estaría muy enfadado. No por la salud del proceso ese que a mi plin como cabía esperar por mi origen y orden mental es por lo siguiente: “Esta España que vivimos no es nada seria pero la Catalunya en que me quieren meter tampoco lo parece. Esto último me daría que pensar. Tenemos un proyecto de país a medio construir y lo abandonamos por otro nuevo, sin pasado, ilusionante, integrador que nace defendiendo un sacrosanto derecho a decidir y en su primer estertor da una patada al parlament corrigiendo unas urnas que se equivocan”. Ahora se enteran, a buenas horas.
Esto de ponerse en la piel de otro es agotador. No lo hago más.
Volviendo a mí mismo debo manifestar que el derecho a decidir que nos han vendido como lo último en democracia y capaz de curar hasta un resfriado es una estafa monumental más o menos como las preferentes.
Tenemos una cosa que se llama Estado de Derecho que maquilla cada cual interesadamente que es cambiante en apariencia y forma. Este es algo más adaptable a las necesidades democráticas de hoy en día y mucho más potente que el atajo soberanista que se han buscado. Ese es el que hay que defender y nace de la independencia de los poderes legislativo, ejecutivo, judicial y cualquier otro que se nos pueda ocurrir hasta llegar al individual. Esa es la independencia que hay que defender y no oigo a nadie hacerlo claramente y sin eufemismos.
Somos Todos iguales ante la ley y si no estamos dispuestos a ello ¿para qué tener ley? Pues sí, la tenemos y la construimos lentamente, voto a voto, urna a urna pero no solo allí también en nuestra vida diaria luchando contra la injusticia y por la integración.
La Tierra no nos pertenece pero nos podemos ganar un lugar en ella, estamos a tiempo. Lo que se ve hacer sobre todo en política y por todas partes es la más indicada para perderlo.
Hasta otra si nos sigue aguantando la que tenemos.

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