La Memoria ultrajada y los sagrados símbolos


Si un neandertal aterrizara en nuestra sociedad pasado un breve periodo de adaptación se encontraría cómodo.
En este puñado de centenas de siglos de evolución desde que nos dejaron no ha cambiado mucho lo fundamental del ser humano. Seguimos adorando tótems y no lo digo por el revuelo que se ha formado con el descubrimiento del superstoneheng. Este es apasionante. Recuperar un trocito de memoria muy muy lejano siempre es agradable. Con la de menos lejanía la división de opiniones por los intereses latentes complica la memorística, aprovecho que viene a cuento para hacerlo notar, dará para otra entrada y ahí lo dejo.
Los tótems que adoramos no son tan sencillos de localizar o visuales o tal vez sí que uno es la tele, cada cual desde su stonehall privado nos cogregamos para contemplar la última cruzada de nuestros aspirantes a famoso, cocineros, náufragos o tipos inclasificables que inmolamos a nuestro glorioso Gran Hermano de temporada y viceversa. De estos la maldita hemeroteca nos dará cuenta hasta que nos obliguen a cambiar de formato informativo o el sistema operativo misteriosamente quede desactualizado.
No parece que vayan a dejar huella afortunadamente.
Cómo recordar dónde estábamos hace miles de años si no recordamos lo que desayunamos ayer o porqué en fechas señaladas tiramos cabras desde los campanarios. No intenten contestar pues no es una pregunta. Nos reunimos en torno a un animal indefenso a repetir lo que una memoria insana nos dicta porque se hacía ¿Por que no seguir haciéndolo? Esta sí se la encargo responder a quien pueda leer esto para abrir debate.
A esas costumbres las llamamos tradición cuando el sentido común ya no las puede justificar.
Agarrarnos a una bandera excluyente o una tradición absurda despreciando la memoria de las personas, animales y de las cosas que también guardan alguna es reducir nuestro mundo a algo que puede ser ultrajado, pitado y burlado. No ofende quien quiere sino quien puede y usando el sentido común podemos construir nuevas tradiciones que nos reconcilien con un mundo al que hemos maltratado mucho para recuperar nuestro lugar dentro de él que no necesariamente tiene que estar en su cima como especie dominante suprema pero tampoco quiero perpetuarme a lo zombie, gracias. Los dictadores acaban mal y queremos continuar aquí. Las tradiciones hay que revisarlas para ello, con cabeza, sin cabras, ni armas (ni blancas ni de ningún color).
Nos leemos.

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