Las bicicletas son para la izquierda


Si algo han demostrado los últimos cambios políticos del momento en que escribo esto es que lo de izquierdas y derechas aunque está anticuado sigue vigente y es una mochila pesada que no nos vamos a quitar de encima fácilmente.
El morado es el nuevo rojo. El naranja el nuevo azul, la paleta se ha enriquecido y los desconcertados ciudadanos estamos cegados por tanta explosión de luz y color, no se si se me entienda el chiste que no es de humor negro precisamente o tal vez sí, esto es un lío en cualquier caso resumiendo lo anterior la cosa pinta negra para los colores básicos pero no tanto como cabía esperar dejemoslo ahí de momento. Los pinceles los carga el diablo qué duda cabe pero aún sirven para algo.
A pesar de la importancia que le damos a la apariencia y dentro de ella al color también en política debo poner de manifiesto porque no me puedo callar que el color no es una cualidad física inherente a los cuerpos. Depende más del ojo que desde fuera lo ve así que mejor no fiarmos demasiado de esta mudable cualidad. Están ahí a nuestro alrededor y nos mandan mensajes en sí mismos, nos podemos identificar con alguno o ponernos reticentes a otro pero por sí solos no dejan de ser una información parcial e interesada de una realidad inabarcable. A pesar de ello nos empeñamos en reducirla a la necesidad mínima de comprensión, no es por populismo es simplemente ojo vago.
El otro día una persona joven me preguntó que qué era eso de la izquierda y la derecha. Fui incapaz de contestar sin echar mano de tópicos. De los del pueblo y los otros. De arriba y abajo y tal y tal, oyendome a mi mismo me resultaba poco convincente.
No voy a intentar hacerlo ahora. En esta ocasión voy a detenerme en ese término de nuevo cuño que ha calado en nuestra sociedad rápidamente. El Populismo.
A quién se le escapa la ironía de que un partido que se pretenda Popular huya del populismo como del aceite hirviendo. Eso es cosa de radicales y extremistas. Los rojos come niños y quema iglesias se han reconvertido en populistas siguiendo el razonamiento de nuestra democrática derecha de toda la vida.
Ha caído un tanto en desgracia otro que apuntaba al mismo tejado. Demagogia.
La Demagogia es hablada y ya la ciudadanía no se la traga. Necesita hechos, ni palabras ni soflamas. El que piense que algo de esto pueda apagar
El ansia de regeneración que a todos nos invade se equivoca, no son hilillos de precariedad, son ríos de desesperanza. No basta con palabras ni con dar un paseito en bici asistida y a renglón seguido coger corriendo el jet alquilado expresamente para que un antipopulista asista un acto de masas diseñado para buscar el favor del pueblo que tiene que convertirse al antipopulismo, nada personal de populismo los justos como Dios manda y la Troika nos propone.
Hay que cogerla todos los días y sudar la camiseta aunque no te persigan con la cámara. Abajo los plasmas, arriba las bicis para todas direcciones.

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