Pagar con tarjeta sin remordimiento posterior


Suena a misión imposible pero no lo es. Se pueden usar esos dispositivos demoníacos dentro de una economía personal adecuada a tus ingresos.
Buenas tal vez me recuerden de entradas como mi curso de contabilidad de andar por casa. Hoy sigo usando mis propios consejos y herramientas. Dedicando una media hora a la semana más o menos he conseguido facilitar mi contabilidad personal. No es que me haya auto salvado de la quiebra. Antes de usar mi hoja lo hacía pero tardaba más y no tenía un protocolo para llevarla al día y poder hacer una consulta rápida.
Tras la publicidad paso al tema estrella del mes. Tarjetas de vivos colores y muy adictivas. Todos tenemos alguna en nuestra cartera. Todos hemos oído hablar de las negras que Hombres de Negro han usado y lo que llegaron a hacer con ellas. Escandaloso no cabe duda pero aún más escandaloso me parece sin escandalizarse nadie por ello que pongan en nuestras manos un instrumento de pago tan versátil y directo a nuestro presupuesto (ya cargadito antes de su florecimiento) sin unas someras instrucciones para su uso.
Pagando con ellas perdemos la noción que da el trasiego de billetes de movimiento de riqueza. Firmamos un papelito y nos llevamos nuestro objeto de deseo o provisiones para suministrar nuestro hogar por un tiempo y no dejamos nada. El negocio del siglo tal parece. Alguno ha visto el negocio en ellas y es que el interés que nos cobran por su uso suele ser abusivo y apenas nos damos cuenta porque se suelen aplicar sobre importes de bajo perfil. El negocio está en la suma de calderilla digital creada que cada vez hay más por su uso también mayor.
Con pena debo decir al enamorado del plástico que alguno habrá que en economía lo que cuenta es el total. De ahí salen también los intercambios gestionados por este medio se les puede considerar como órdenes pendientes de compensar o tal vez una cuenta de crédito más como la hipoteca según el uso que de ellas hagamos pero en cualquier caso hay que despojarlas de su halo benefactor sin ánimo de lucro, lo tiene, lo sabes y lo pagas, nada personal pero que no te engañen, ni que se crean que lo consiguen. Es otro medio con sus peculiaridades pero lo que se compra con ellas se paga.
No es nada mágico y por supuesto nunca gratis.
Que se carguen las compras con una tarjeta en particular directamente a pérdidas de la empresa dice mucho de la catadura moral que se espera en el portador. Sabían lo que iba a pasar y consintieron en ello. Más aún nos colaron lo gastado en las presuntas tarjetas opacas en el monto del puñetero rescate que nos chulearon.
Que lo pague la gentuza que se ha apropiado de lo nuestro usándolas como coartada. Sin perdón. Tolerancia 0 a los corruptos.

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