De Españistan a Mercenarilandia


Nuestras pantallas de cine nos reclaman con la última  entrega de la saga mercenarios en que una serie de viejos duros lucen abdominales, bestialidad, machismo y flema a partes iguales. No es casualidad. La industria del entretenimiento se mimetiza con el entorno y nuestras áreas de preocupación vigilandonos de cerca para descubrirlas.
Como antes hicieron con piratas o seres sobrenaturales juveniles ahora nos presenta a militares a medio retirar y máquinas convertibles para el mejor goce de los que rememoran dibujitos cutres de una infancia muy muy lejana.
Quieren una sociedad de mercenarios y no dudan para ello en banalizar y endulzar la guerra y sus efectos colaterales y lo hacen bien. Ya nadie duda en alistarse en cualquier locura, aunque implique horas de trabajo esclavo en condiciones inhumanas a miles de kilómetros de tu gente. Siempre nos quedará nuestra globalizada cartelera para estimular nuestro ardor competitivo.  !A luchar!

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