El lío creciente y el crédito menguante


No quiero pagar por circular por autovías. No quiero pagar por citar en mis blogs. No quiero hacerlo por lo mismo que me revienta aflojar el euro del gorrilla malencarado de turno, pago impuestos y no quiero pagar cánones por hacer algo cotidiano por lo que no recibo ninguna ayuda, más aún si te haces caso del esforzado aparcacoches te la pegas seguro o te multan. La conexión a internet no es gratis me siento en la necesidad de hacerlo notar. Ahí está el impuesto que estoy dispuesto a pagar si me sirve para algo si no volvería al sello y la pluma con pena pero lo haría.
No es por la pasta. No es por el oro, apenas tengo cuatro perras ahorradas así que tienen que rendir y para todo no dan, algo hay que sacrificar.Tampoco soy fanático del gratis total aunque en alguna ocasión me he dejado arrastrar por los vientos de gratuidad que por toda la red han soplado, también en la plataforma que hace posible este blog que leen. No soy rata soy austero.
La austeridad no es un invento neoliberal. Cualquiera que conozca a alguien que a su vez haya tratado con otro que haya vivido una guerra o sus efectos colaterales alguna vez en su vida sabe que esto no es neonada. Es viejisimo. Que nos la vendan como panacea anticrisis es delictivo, no es la solución es pura autodefensa, nada personal.
Salir de la zona de confort y arriesgarse para poder emprender para entre todos los emprendedores empujar hacia arriba nuestro pib un chiste malo malísimo que no se traga nadie. La entrada vía tarifa plana es un anticipo de lo que luego nos espera en el mundo globalmente economizado y desregulado. Encefalograma plano y no solo en beneficios que se lo reparten los de siempre, también en ideas y por último en incentivo.
El dinero no crece en los árboles ni se fabrica en ningún sitio por muchos ceros que pongan los balances bancarios ni por mucho pecho que saquen nuestros productivos ejecutoides y aunque así fuera todo el oro del mundo no sería nada sin la demanda que sobre él ejercemos entre todos, ahí está su verdadero valor y su poder para incentivar. Los beneficios desaparecen en el mismo momento del reparto dejando un hueco que solo pueden llenar nuevos beneficios en cadencia mecánica. Utopía absurda y totalmente descartable por inestable y excluyente. El incentivo para salir de esta crisis no puede ser económico debe ser social en caso contrario seguiremos dando vueltas en busca del dorado que no es más que un almacén de chatarra inútil como ya expliqué.
El lío crece decreto a decreto y también el descrédito mientras menguan las democracia y el dialogo que abona el campo a las estafas, la socialización de pérdidas y el desánimo de una nación, la mía de momento no se por cuanto tiempo la reconozca. A cada nuevo decreto que ya no se cuántos llevan con la cantinela competitiva nos hunden un poco más en la desesperación y seguimos perdiendo confianza en y para nosotros mismos, perdiendo la competitividad deseada. Si no nos citamos, si no compartimos (el coche y los libros podrían valer) nos separamos del mundo enfrentándonos con quien pudiera ayudarnos para conseguir algo y si lo conseguimos poco va a durar. Este no es el camino. Debemos de volver a lo que importa, las personas. Salud dinero y amor, esas tres cosas que nos cantaban que habíamos de tener no son nada por separado de la persona que las desea. Hasta otra.

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