Los lunes al sol peninsular


En qué hemos fallado. Todos nos hemos hecho esta pregunta alguna vez en la vida y casualmente muchos nos la hacemos a la vez ahora. No la pongo entre interrogaciones pues más que pregunta es afirmación. No lo digo solo por el vapuleo sufrido por la roja que también es mayormente por la crisis que no acaba ni se sabe muy bien cuándo empezó, es por el incontable número de crisis que sumadas hacen una grande y poderosa que lo llena todo. La palabra crisis se puede sustituir por cambio sin alterar el producto, endemoniado producto que hemos amasado entre todos, nadie puede zafarse de haber participado en su génesis, desarrollo o ambos. Yo no voy a intentar evadirme, he fallado mucho, de palabra u obra, por acción u omisión. Pero no he sido el único. Estos también lo han hecho y estaban en cabeza del pelotón.
Pasados los golpes de pecho de rigor y reconocimiento de los sospechosos habituales entro de nuevo en lo que importa, salir de ella lo más airosamente posible.
La pregunta que propuse es absurda, mejor sería preguntarnos qué hicimos bien y repetirlo pues a pesar de los fallos algo hicieron bien pero cuidadito con el uso del calificativo. Hacer sucesivas reformas laborales que no han dado otra cosa que precariedad no es bien. Privatizar suelo público para construir sin control engordando una burbuja no es bien. Malvender servicios esenciales a empresas que no tienen responsabilidad sobre el mismo y abandonarlos a su suerte confiando en su criterio para fijar el precio del mismo no es bien.
De hecho no se me ocurre nada que hayamos hecho bien y los resultados van en esa dirección.
En fútbol lo hemos hecho todo bien, hemos mimado nuestros equipos hasta conseguir la mejor liga del mundo y una selección puntera que ha ganado más estrellas que nadie en la última década.
Se nos han cargado a la primera y qué, solos no nos vamos podemos compartir avión con otras que no están nada mal tampoco. Todas ellas han olvidado la máxima tan manida de que beneficios pasados no garantizan intereses futuros.
La memoria de pez se paga y no es barata. Olvidamos rápido el sacrificio que precede al éxito y grabamos a fuego las celebraciones que son brillantes pero son ajenas al trabajo desarrollado y no se suelen repartir por igual entre aquellos que participaron.
El que este libre de pecado que tire el primer penalti. Yo me niego que lo haga alguno de los sucesores de los de la foto que alguno saldrá supongo.
Alguien puede decir que mezclo churras con merinas. Lo mismo que nos han hecho al unir la puñetera marca España con el destino de un balón corriendo por un campo de juego muy muy lejano. De nada le sirvió al desmejorado presidente anterior y al actual menos iba a servirle por mucha prima que untase al susodicho balón.
No es la única regla del inversor prudente que hemos ignorado. Hemos puesto todos los huevos en la misma cesta y nos lo han cascado todos era de esperar que tarde o temprano pasaría.
Qué pueblo tan divertido el mío el sueño de un bloggero cabroncete pero es que las ponen a huevo. Hasta otra.
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