El disgusto del registrador de mal legislador parece


Quizás va a tener razón la Ono y soy un bicho raro. Tal vez soy la única persona que en esta ínsula piensa que tenemos lo que nos merecemos pero es lo que pienso y voy a intentar explicar porqué no me puedo explicar que una decisión judicial pueda poner en la calle a más de una centena de asesinos peligrosos que todos pensábamos estaban fuera de circulación igual que no tiene sentido que otra los ponga a buen recaudo sin que el legislador se precipite a cambiar lo que sea necesario en la ley para dar justificación legal a una doctrina jurídica que no es otra cosa que una interpretación de la ley previamente emitida y que si se da muy clara del todo no podía estar es para mirárselo como mínimo. La doctrina Parot no ha sido tumbada como muchos anuncian a voz en grito. El uso de la misma con efectos retroactivos es lo que ha caído. Los ataques a la misma no han acabado, se seguirá recurriendo por aquellos a los que se les apliquen buscando un resquicio para burlarla porque por mucha fuerza que tenga no es ley en sí misma es ni más ni menos costumbre interpretativa. Aquí viene la trampa en la que hemos caído sin culpa pues no tenemos por qué saber de leyes si ni siquiera los que las manejan y promocionan demuestran mucho interés por su actualización. El acomodamiento de los atajos legales produce monstruos como esta doctrina herida que tan afrentada nos pintan pero que nadie aparentemente se tomó la molestia de agregar lo antes posible a nuestro ordenamiento en cuanto se tuvo la primera noticia, lo ideal hubiera sido hacerlo antes siquiera de aprobar la ley primigenia pues no hacían falta dos dedos de frente para valorar que cargar con penas imposibles de cumplir nos podía traer problemas como así fue de facto, tanto como dar beneficios penitenciarios en plan café para todos con dos azucarillos para cada uno. No hay garantía alguna de que pifias similares no se vuelvan a repetir desde el momento en que en todo lo que se plantea sobre la pena se olvida de la víctima y su resarcimiento que debería estar por encima de cualquier beneficio penitenciario, también del agravamiento compensatorio de la misma opino. La pose de disgusto y agravio recibido es la menos indicada como respuesta. Qué hacer para mejorar nuestra ley creo que es la apropiada, a ver cuándo alguien con poder la toma en cuenta y se pone a trabajar para que no se repitan casos como este.

No es un abogado quien me ha confirmado y dado las claves para dar por cerrado el tema que en principio tenía lagunas. No se puede alargar las penas a voluntad ni voluntad política hay para hacerlo por cuestiones de Derechos humanos que cómo no todos tenemos, también el asesino. La voluntad de todos sumada puede con todo respetando las leyes y los convenios que son una luz que guíe a nuestros manifiestamente mejorables legisladores, no están solos en su labor, y las víctimas tampoco deber estarlo. Apliquémonos a esto último.

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