El Factor humano y el Error de cálculo.


Hay muchas clases de error me atrevería a decir que muchos más que de aciertos, de estos solo conozco uno aunque se repita a cada paso que damos sin caer en alguno de los primeros. No se si será muy trascendente y culto definir el acierto como la ausencia de errores pero creo que es la que más se puede acercar al imaginario popular que vivimos. Personalmente no me parece tan claro aunque la acepte como base de este artículo pero es que por algún lado hay que empezar, si me equivoco me corrigen en los comentarios, no me enfadaré pues soy falible, empezar mal no garantiza aciertos futuros ni que la cagada sea total y absoluta.

Una vida de aciertos 100×100 es de todo punto increíble y más a la vista de las múltiples opciones que su definición ofrece para caer. En cualquier caso con ellos hay mucha tela que cortar y manostijeras siempre está dispuesto a meterla, si no se toca presupuesto alguno claro (a propósito que a los nuestros nos la han metido pero bien he usado una analogía un tanto desafortunada a la vista de la actualidad local), da igual a la faena.

En alguna ocasión he dicho que el error es el mejor profe que podemos tener y si no nos toca nunca nos perdemos lo fundamental para tener en cuenta a la hora de organizar una organización más o menos compleja incluso una previsible e insignificante carrera de sacos en un cumpleaños infantil y es la experiencia que de ellos se nutre mayormente. Aparte de evitarlos por la vía de no repetir las acciones que nos condujeron a él de una forma un tanto mecánica podemos extraer una lección valiosa y es que podemos llegar al mismo inconveniente con dos maneras de actuar aparentemente opuestas, el ensayo error está bien pero tiene sus limitaciones y hay que tomarlas en cuenta a la hora de intentar evitar errores cometidos. La corrección debe tener en cuenta al factor humano que salvo que vea en peligro su integridad o la de su bolsillo rara vez asume cambios drásticos sin negociaciones duras o lucha y recaídas intermedias. Lo que el refranero describe con mucha gracia como “la cabra siempre tira para el monte”. Yo añadiría que al suyo propio el que conoce, uno extraño no le tiraría seguro salvo que huyera de una ciudad, nada más anticabrital.

Esta entrada nace porque una persona me dijo hoy que no podía estar corrigiendo a todos los componentes del equipo y tenía razón pero no por lo que cree, sí se puede corregir con las herramientas recolectoras de información adecuadas se puede detectar cualquier error dentro del rango temporal de revisión que te plantees claro está que para una persona sola en un mundo cambiante puede suponer meses y otros tantos para buscar y valorar la forma en que se produjo y los efectos del mismo para por último ajustar el sistema inicial para poder detectar este u otros similares con mejor detalle y menos consumo de recursos. La pregunta adecuada y que me podía haber echado por tierra la autoestima y las ganas de corregir nada es la siguiente: ¿Sirve para algo esto? Si el errado no lo asume como propio y por tanto no pone de su parte algo para que no se repita este se va a repetir tal vez innovando en ellos para hacerlos enrevesadamente maquiavélicos y difíciles de detectar o imposibles de solucionar sin una preparación específica. Pero una frase entresacada no me parece justificación suficiente para montar una entrada de blog que pretende ser algo científica o al menos de interés para alguien, a la vista está el último error que ha costado tantas vidas y sufrimientos para otras tantas familiares de las víctimas o las que sobrevivieron a un accidente sobrecogedor que no es el único del que se ha hablado en este blog si alguien lo sigue como yo pero que nos deja bloqueados y atemorizados ante la rutinaria situación de montarnos en un medio de transporte público pues nos ponemos en las manos de una persona que también puede ser falible. No es lo mismo equivocarse con las palabras que con un medio de locomoción capaz de superar los 200 km/hora sin entonar la manida cancioncilla esa del ¡Más madera!, un leve empujoncito a la palanca adecuada lo consigue, los maquinistas y pilotos están sobradamente preparados para manejar la máquina que manejan no me cabe duda pero no están solos al volante o lo que quiera que tengan ahora las máquinas para dirigirlas ni se les debe dejar, sin ánimo de sobrecorregirles, lo que no se evalúa se devalúa y hay que estar pendientes tanto de sus necesidades como de sus obligaciones por el bien de todas las personas que trasladan.

Pero vamos a rizar el rizo un poco más de lo rizable, ¿qué ocurre cuando es la máquina la que se equivoca? Esto no es tan dificil de que suceda pues mal que nos pese todas ellas han sido diseñadas, creadas y programadas por humanos y han participado también en su montaje aunque cada vez los robots desplacen más a la mano humana pero la mente está ahi y ninguna está libre de un error de cálculo que en las condiciones adecuadas no predichas correctamente den lugar a situaciones tan disparatadas pero posibles y reales como en el caso que nos cuentan en la siguiente historia apasionante y que recomiendo encarecidamente. Siempre nos quedará una mano o un pie capaz de pisar el freno para el caso de que fallen todos los mecanismos de protección automáticos que se puedan inventar, Ay de nosotros si por desconfianza nos dejan sin él pues en el momento adecuado puede salvar muchas vidas, no solo puede servir para echarle la culpa de todo que nadie lo olvide pero que tengan siempre en cuenta el factor humano sin abandonarlo a su suerte.

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