El quinto jinete y los que nos mandarán


Nuestros poderes económicos no ahorran elogios al emprendimiento y él según parece nos librará de todo mal, es el nuevo dios del capitalismo al que toca adorar después de haberlo hecho con la propiedad privada, el mercado, la deuda y no hace mucho con el crédito. Nada es nuevo ni lo inventaron ellos en absoluto. Manipulan conceptos que nos son propios al ser humano de manera muy tosca y burda llevándolos a su terreno a la par que les dan un sentido teórico casi dogmático que para nada tienen que ver con su valor real  y mucho menos con el que necesitamos para resolver nuestros problemas actuales. Yo también voy a intentar hacerlo en esta entrada, tan difícil no es y el poder económico no tiene exclusiva para ello, al menos no de momento.

Fundamentamos en su día la iglesia del capitalismo usando la propiedad privada como piedra fundamental pero la propiedad privada si no cambia de manos no daba juego suficiente, tenía que acabar en las manos adecuadas. Montamos el mercado para que la riqueza fluyera canalizadamente hacia los lugares adecuados en que las habilidosas manos ya dichas esperaban para su recolección. Pero había un problema y es que el mercado producía sus propios monstruos pudiéndose dar la paradoja de que cualquier limpiabotas pudiera hacer saltar la banca con el twiter adecuado. Había que mantener encadenada a la masa económica y para ello nada mejor que una buena deuda. Buen anzuelo y muchos picamos de él, todos en alguna forma y el cual añoramos al punto de caérsenos la baba cuando nos prometen el glorioso advenimiento del Crédito. No se si el espíritu santo tenga algo que ver con él pero resulta igual de esquivo y misterioso.

Cuando ya habíamos desistido de ser tocados por tan sinigual tercera persona se nos aparece nuestro buen amigo el emprendedor que siempre había estado allí pero que no habíamos valorado convenientemente su aportación al estado actual de cambio de oportunidades montado en su brioso corcel que creo que llaman privatizaciones o tarifa plana impositiva y nos va a rescatar de nuestro propio afán revolucionario capaz de destruir el mundo en el enésimo apocalípsis mariano.

¡El siguiente! A ver qué se les ocurre ahora, estoy intrigado,  continuaré oteando el horizonte porque seguro la cabagalgata económica aún no ha acabado.

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